La Inteligencia Artificial puede intentarlo, pero es incapaz de amar lo que hace y para quién lo hace
"No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta". Vincent Van Gogh, Carta a Theo ( 1889)
Cuando estás frente a una Inteligencia Artificial, más si está estructurada sobre una capa de IoT o robótica, puedes caer en la ilusión que te vende, y creer que frente a ti hay alguien que puede sentir, pero no es así, entre las cualidades de la herramienta: eficiencia, análisis, velocidad e interconexión, entre otras; no se le puede adjudicar la de poder sentir, emocionarse ni colocarse en nuestro lugar. Habilidades blandas más propias de esa parte más desconocida de los seres humanos.
Esta reflexión me surge justo en el momento en que vemos que los discursos emocionales sobre la IA y su impacto en nuestras vidas están colmando las redes sociales, y los rincones digitales de opinión. Tono, casualmente, que sólo tenemos nosotros, los humanos, y que casualmente la IA no posee sobre sí misma, a lo mejor porque tiene un as bajo la manga, y ya tiene preparada la revolución de las máquinas y el dominio del mundo.
Ese extraño mundo de las emociones
Cuando daba clases del discurso y la comunicación publicitaria, una de las partes que más disfrutaba era cuando tenía que explicar a mis alumnos la parte vinculada a la capacidad de persuadir, convencer y vencer con las campañas.
Muchos se quedaban con la mirada fija y la boca abierta, al ver que teníamos la capacidad de conectarnos en una capa o red invisible compartida entre millones de personas, construia a base de experiencias, historias, simbolismos y relaciones simbólicas, y expresiones, para hacer sentir a otros determinadas cosas en determinado momento, con una capacidad tan milimétrica, que en algunos casos muy bien logrados, superamos con creces a la IA, no en velocidad, sino en duración de la experiencia. Algunas de ellas pueden durar para toda la vida, y hasta trascenderla (sí, seguro te viene a la mente la música y las letras de intro de Star Wars (La Guerra de las Galaxias, o un aviso de CocaCola que viste a los 7 años y tienes 60 y no has podido olvidar la emoción que te produce).
Dice el profesor Carlos Rodríguez Sutil del Instituto de Psicoterapia Relacional, Madrid en un artículo publicado en 2013, que: "Cuando se piensa que las emociones se localizan en la persona – su cuerpo o su mente – se llega a la conclusión de que la forma de analizarlas es fisiológica o cognitiva, o ambas, y que son algo privado, como expresión de una sensación o sentimiento internos...si bien las emociones suponen procesamiento cognitivo y respuestas fisiológicas, el factor organizador principal procede del medio cultural".
A las emociones las colocamos afuera, y principalmente lo hacemos para compartirlas y socializarlas, son ellas quienes nos permiten sobrevivir en la oscura y peligrosa tiniebla del caos de la vida, aunque insistimos en agredecerle al pensamiento racional nuestra supervivencia, y realmente él, tiene muy poco que ver y hacer frente al umbral de emociones.
Dice el filósofo de la EAFIT, Luis Fernando Diossa que fisiológicamente, debemos esta capacidad de conectar a ese pequeño órgano del tamaño de una almendra, y que es es la responsable de que sintamos miedo o rabia, además de activar el instinto de supervivencia.
El mismo Diossa cita a la doctora en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas Yulieth Hillón.: “Con los avances en la medicina ya sabemos que hay una parte de nuestro cuerpo, que se encuentra en el cerebro, que al activarse hace aparecer todas esas sensaciones de las que estamos hablando: la llamada amígdala cerebral”.
Ya sabemos que tenemos una ventaja física real, poseemo un órgnao vital entrenado y cualíficado, ¡supérame esa, IA!
Pero este tema de la comunicación y las emociones, da para cientos de análisis y de aristas, si avanzamos más no terminaremos en explorarlo en años, y es justamente lo que apasiona.
El mismo Rodríguez Sutil (2013) hace una lista de preguntas y dudas sobre las emociones que nos pueden resonar 13 años después:
- ¿son factores motivacionales o fenómenos secundarios?
- ¿son algo interno o externo?
- ¿racionales o irracionales?
- ¿fenómenos fisiológicos o sociales?
- ¿universales o culturalmente específicas?
- ¿algo que debemos controlar?
- ¿Un resultado o un código de comunicación en sí mismas?
- ¿Una forma de transferir la experiencia generacionalmente?, por ende inteligencia adaptativa.
- ¿Un gestor de acciones humanas, o el resultado de las mismas?
- ¿Un elemento voluntario, o un patrón social impuesto?


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